Inicio es.laPalma El cielo de La Palma, patrimonio de todos

El cielo de La Palma, patrimonio de todos

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El pasado 5 de junio, "Día Mundial del Medio Ambiente", tuve el honor de recibir, en nombre del Cabildo de La Palma y la Reserva de la Biosfera de La Palma, promotores de la iniciativa Starlight (Luz de las estrellas), el Premio Cesar Manrique 2009, un galardón que ha venido a reconocer la defensa de la calidad del cielo nocturno y el derecho general a la observación de las estrellas, y que se ha venido desarrollando abierta a la participación de todas las instituciones y asociaciones científicas, culturales y ciudadanas relacionadas con la defensa del firmamento.

Al orgullo que sentimos por este importante reconocimiento, se une nuestra gratitud hacia quienes han dedicado su esfuerzo en divulgar la importancia que los cielos nocturnos limpios tienen para la humanidad. A todos los que han trabajado para concienciar de nuestro derecho a mirar las estrellas, a recurrir a ellas en busca de inspiración, tal y como hicieran los poetas antiguos, a deleitarnos con su belleza y con la infinita grandeza del Universo.

Un grupo de instituciones estamos poniendo todo nuestro empeño en difundir el valor que este patrimonio en peligro posee para la ciencia, la educación, la cultura, el turismo, y evidentemente, como factor de calidad de vida. Son varias las sendas por donde hemos de transitar, sendas que convergen todas en las defensa de nuestro cielo. La senda cultural, frente al olvido de los cielos estrellados como fuente de inspiración de los pueblos del planeta, reconociendo la necesidad de defender el legado patrimonial que aún se conserva, luchando por activar múltiples iniciativas que tratan de recuperar y restaurar las ventanas de la imaginación que siempre estuvieron abiertas al universo.

La senda turística, abierta por las infinitas posibilidades, y no sólo paisajísticas, que presenta la visión de un cielo nítido, su inestimable potencial para el desarrollo de productos específicos de turismo de conocimiento o turismo científico. En ocasiones, el cielo estrellado forma parte de la esencia misma de la motivación turística, cuando la curiosidad impulsa a los viajeros a contemplar las auroras, a navegar guiados por las estrellas, a contemplar el universo desde paisajes inalterados como en los desiertos, o a disfrutar del legado cultural siguiendo las antiguas rutas de peregrinación.

La senda ambiental, puesto que disfrutar de un cielo estrellado tiene por lo tanto mucho que ver con nuestro concepto de cómo usar racionalmente la energía, no sólo en materia de gestión inteligente de la iluminación, sino también en aspectos relativos a las decisiones sobre el transporte o la opción de las energías renovables que afectan directamente a la calidad de la atmósfera. Tanto es así, que podría afirmarse que una comunidad energéticamente sostenible es una comunidad capaz de disfrutar del cielo nocturno.

Y finalmente, la senda científica, ya que los descubrimientos científicos relacionados con la astronomía han influido no sólo en el modo en que nos desvelan los misterios del universo sino también en la tecnología, las matemáticas, la física y el desarrollo social en general. La astronomía es una ciencia que a lo largo del progreso de la humanidad ha generado y sigue aportando instrumentos útiles para la vida del hombre. Del calendario a los instrumentos de navegación, pasando por los modernos sistemas de comunicaciones basadas en los satélites o las aplicaciones médicas derivadas de las nuevas tecnologías de proyección de imagen, la astronomía ha reportado innumerables beneficios a la civilización.

A medida que las sociedades avanzan, se van conquistando nuevos derechos, pero el caso del derecho a observar las estrellas constituye un auténtico paradigma en nuestra actual civilización, puesto que no se trata de evolucionar sino de recuperar un derecho natural que nunca se puso en duda.

Debemos trabajar, unir esfuerzos para que el derecho al cielo nocturno limpio sea equiparable al resto de los derechos medioambientales, entendiendo además que se trata de la conservación de un recurso que incide en multitud de aspectos culturales y sociales en todo el planeta. Y es que la progresiva pérdida del cielo nocturno ha de considerarse como un riesgo que hay que afrontar, de igual manera que se afrontan los problemas relativos a la calidad del aire, al agua, o la conservación de los recursos naturales.

Fuente: diariodeavisos.com